Mejores respuestas

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Señalan los expertos que se dice tanto con la voz como con el cuerpo. Lo afirman mientras exhiben las palmas de las manos, que es la forma que tienen nuestras extremidades de garantizar honestidad y lealtad. Pienso en ello mientras doy vueltas en el pasillo para practicar en voz alta la exposición que tengo este fin de semana. Procuro no lanzarme a la carrera y evitar así que las palabras se atropellen entre ellas. No hay paso firme en los pies que compense los maratones de la voz. Pero con el ensayo busco algo mucho más inherente al ser humano: no gastar las horas de después construyendo razonamientos que me pasaron desapercibidos.

En una de esas charlas que llevan a todas partes y a ningún lado al mismo tiempo, un amigo aseguró que la genialidad llega siempre unos segundos tarde. Y así nos pusimos los dos a divagar sobre respuestas de película. “-Me desprecias, ¿verdad? –Si llegara a pensar en ti, probablemente sí”. Réplicas como la de Casablanca, que dadas con serenidad dibujan en la cara esa peculiar sonrisita que solo puede interpretarse como expresión de victoria. Incluso cuando uno se la está diciendo a sí mismo a posteriori.

Pasa, donde más, en lo flirteos. Cuando hay esa necesidad de demostrar. De sorprender. Una comida inesperada de cumpleaños siempre jugará con ventaja, por mucho que la prevista requiera ir vestido de etiqueta. Cuando alguien consigue dejarte en jaque mate está ganando la partida. Por eso cuando no se sabe si se está ganando o perdiendo hay una tendencia general a reconstruir los hechos añadiendo nuevos golpes de efecto. Se gasta tanto tiempo pensando mejores respuestas para discusiones finalizadas como frases elocuentes en citas que tienen pocas probabilidades de repetirse.

Inventar diálogos no es una acción que se produce únicamente a posteriori. Conozco a más de una persona que sabe cuáles son las palabras exactas con las que se despedirá de su trabajo el día que surja una oportunidad mejor. Incluyendo una respuesta impecable para los distintos caminos por los que pueda derivar la ansiada conversación. Y por los que no va a derivar, también. Hay una capacidad sorprendente en las personas para crear ficción. Para prepararse por si la franja que la separa de la realidad es estrecha. Al fin y al cabo, ahora recorro el pasillo pensando en hoy, pero mañana, aunque eche la vista atrás, lo haré también focalizando la próxima ocasión que me toque salir a la palestra.

Canciones que emocionan

Bohemian Rhapsody
Bohemian Rhapsody

En un año hay muchas canciones, en una vida solo unas pocas. Son las que devuelven a lugares y alteran el ánimo de quien las escucha. Las que pasa el tiempo y siguen grabadas en la memoria como ese ¡Hola, hola! con el que Pepe Domingo Castaño recibía a sus oyentes en la radio y conseguía ponerme la piel de gallina cuando era niño. Es la misma sensación que se produce cuando suenan esos temas que demuestran que no hace falta el factor sorpresa para causar asombro. Es difícil recuperarlos todos para una pequeña publicación pero vamos a intentarlo. Empecemos por el final.

¿Habéis visto la película Bohemian Rhapsody, que repasa, con mayor o menor acierto, la vida de Freddie Mercury? La recomiendo encarecidamente. La última vez que esa emoción recorrió mi cuerpo fue cuando empezaron a sonar los primeros acordes de la canción que da nombre al filme. Mi mente voló a los JJ.OO. de Barcelona 92’. Con Mercury ya fallecido, se recreó su actuación con Montserrat Caballé en Montjuic interpretando Barcelona. Veintiséis años después la potencia del tema me sigue resultando fascinante.

Hay otra canción que no puede faltar en mi lista, Fix You, de Coldplay. Comparte la misma virtud que la de Queen: cuánto más la escucho más me gusta. Y eso tiene verdadero mérito. Tanto como conseguir trasladarme a la adolescencia de la mano de series como The OC.  Sonó en una escena entre Seth Cohen y Summer Roberts y formó parte de la banda sonora de Scrubs, The Newsroom y Cinco Hermanos.

A las canciones que resultan grandiosas por su temática o estilo musical hay que sumarle aquellas que, sin saber muy bien porqué, nos marcaron en algún momento. En mi caso se trata de Sister Golden Hair, de América, que me devuelve a la infancia. Cuido las veces que la escucho, como si con cada reproducción se fuese consumiendo la mecha que la hace especial para mí. Parece que la música te devuelve momentos dentro y fuera de la pantalla. Se empareja sin esfuerzos con todo lo que la envuelve al tiempo que regala nuevos instantes.

¿Y si solo pudiese escoger una? La elegida, sin duda, sería Mama, de Il Divo. No hay en el mundo muestras de cariño suficientes para devolver a las madres todo lo que hacen por sus hijos, pero su carta en forma de canción pone palabras a ese agradecimiento infinito que va en la otra dirección. Es el claro ejemplo de la capacidad que tiene la música para emocionar.

Escupir al corazón

Corazón de Midlothian, en Edimburgo

Sin aceite ni vinagre. Ni tan siquiera sal. Trato de no añadirle ningún tipo de aliño que me deje un mejor sabor de boca. Las cosas son como suceden. Procuro ajustarme a la realidad para sortear esa tentación tan reconfortante de cambiar el decorado de nuestra discusión. Añadiendo detalles aquí y allá uno tiende a liberarse de los remordimientos.

El día fue largo y nos recibimos con todo lo que quedaba por hacer, que es en lo último que uno quiere pensar cuando se le escurren las horas. El volcán en el que todos nos convertimos cuando se caldea el ambiente entró en erupción y te culpé de todos esos males que callé ante otros. Después de un largo silencio te limitaste a decir que pasamos la vida acumulando presiones que solo descargamos con quienes más queremos.

Vamos directos al corazón. En línea recta. Como el que puede verse incrustado en la Royal Mile de Edimburgo si uno camina observando donde va a colocar los pies.

Mucho se ha escrito sobre corazones. Y mucho se ha borrado. Hay palabras que dejan más al desnudo que otras. Cuenta Pedro Mairal, en su novela La Uruguaya, que es el término que más tachó Jorge Luís Borges en sus correcciones literarias. “Mi corazón resbala por la tarde como el cansancio por la piedad de un declive” se transformó en “Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive” en el poema dedicado a Montevideo.

Es enigmático. Puede que omitirlo sea la mejor manera de protegerlo de los esputos que le esperan. Una forma de resguardo. Pienso en ello mientras mis pies se detienen ante el mosaico en forma de corazón que se encuentra integrado en el pavimento de una de las calles más concurridas de la capital escocesa. No se pisa, se le escupe. Da suerte. Los motivos no terminan de estar claros pero las historias hablan de la importancia de la ubicación en la que se encuentra adoquinado. Todo lo que hoy rodea al corazón fue en su día una cárcel y los presos que conseguían abandonarla lo hacían salivando a su salida como prueba de desprecio a un sistema penitenciario ligado a las ejecuciones públicas. También se dice que era una forma de protesta contra los altos impuestos. Pero, yo solo pienso que no hay estampa que explique mejor la riña que tuvimos.

En Edimburgo se escupe al corazón de Midlothian porque es el único sitio en el que no está prohibido y en la vida se apunta al de las personas que más nos importan porque es con quienes parece que nos lo podemos permitir. Cómo iba Borges a consentir que el suyo resbalase sin pensárselo dos veces.